El stajanovismo, una actitud espontánea muy querida por nuestro amado Koba, es en la actualidad un ejemplo para algunos esforzados bolcheviques, que no dudan en ir más allá del deber a la hora de servir al Pueblo.
Últimamente el caso más destacado ha sido el del camarada Monteff.
La eficacia en su labor alcanzaba unas cotas ejemplares. Nada menos que el 90% de eficacia. En menos de veinticuatro horas se resolvían nueve de cada diez casos. Sin sensiblerías y ahorrando recursos.

La envidia de algunos fascistas por la eficacia en su labor les llevó a destituirlo de su puesto (de confianza, dicen) para dejarlo otra vez de simple anestesista en el mismo hospital. Todo esto con la excusa de unos falsos informes.
Naturalmente, ningún tribunal ha podido encontrar ninguna mácula en su labor. Los fascistas argumentan que es por la falta de autopsias, dicen. Lo cierto es que la labor del camarada fue impecable, no dejo rastro.

Las fuerzas de progreso exigen su vuelta a dicho cargo. Ha sido acogido con entusiasmo por los artistas comprometidos. Se ha brindado entre los camaradas por el triunfo sobre el fascio. También en la Asamblea de Madridgrad ha sido reivindicada su labor (por las fuerzas de Progreso, mientras el fascio rumiaba su rencor)
Mientras tanto, la eficacia en el servicio ha disminuido de forma alarmante.
Su labor es reivindicada por los progresistas, que pugnan por sus servicios. Incluso ha habido camaradas que han propugnado extender sus servicios para labores de ‘neutralización de contrarrevolucionarios’.
¿Se puede añadir algo más a la glosa de este camarada?