No será porque el socialismo no lo viene anunciando desde el tiempo de los padres fundadores: los océanos de injusticia social, el injusto reparto de la riqueza en suma, generan la violencia internacional. Y ¿qué colectivo es el más explotado, al que más derechos se le han negado milenariamente sobre la faz de la Tierra? Ya lo dijimos hace algunas fechas: los monos. Así pues ¿qué tiene de extraño que los camaradas simios se alcen en armas para lograr los inalienables derechos que les niega la burguesía capitalista? Nada. Es lo normal. Lo que tenía que pasar.
Nos llegan noticias de que en la ciudad de Agra, al norte de la India, unos monos insurgentes han dado un audaz golpe de mano asaltando una comisaría de la que se han llevado documentos importantes. Es significativo el hecho de que los guerrilleros simios no hayan asaltado un supermercardo de cadena multinacional, en busca de alimentos para los cachorros hambrientos de la manada, sino un símbolo de la represión capitalista como es una comisaría, y que se hayan llevado eso que las autoridades represoras llaman eufemísticamente “documentos importantes” y que sin duda serían fichas policiales de chimpancés y orangutanes, así como documentos que atestigüen casos de tortura.
Hemos por tanto de felicitar doblemente a los rebeldes, por un lado por su audaz y exitoso operativo, y por otro por haber preferido preterir las necesidades materiales más acuciantes a favor de las necesidades estratégicas de la lucha armada, por golpear lo simbólico, que es lo queda en el subconsciente de las masas, y dejar para otro día los plátanos y los cacahuetes.
Afortunadamente en el estado espanyol no tenemos este problema porque es el estado europeo que más rápidamente avanza hacia el inevitablemente inevitable socialismo, gracias a activos camaradas como Joan Herrera que se han ocupado de que, por lo menos aquí, los monos tengan iguales derechos que cualquiera. Eso y que no queda ningún mono el estado porque el ultraderechista Aznar los echó a todos a Gibraltar.
