Hay en marcha una campaña negacionista del Cambio Climático, orquestada por los de siempre y financiada por oscuros intereses. Como parte de esta campaña hemos leído hace pocos días en el blog de un exiliado neoliberal –pronto les exiliaremos a todos- un artículo que pretende demostrar una cosa y sin embargo demuestra otra muy distinta: pretende demostrar el exiliado, exhibiendo una pila de datos, que no se han cumplido las profecías de los camaradas funcionarios científicos de la ONU y por tanto intenta negar el cambio climático originado por el capitalismo salvaje y el trío de las Azores, pero lo que realmente demuestra es la necesidad perentoria de la policía política de Internet que proponen los mencheviques; policía que evite el que circulen por la red estos panfletos pagados por las multinacionales que todos sabemos. Qué nos importarán a nosotros los datos, pues ¿las fuerzas de progreso a quien vamos a creer más, a los datos o al partido?
El tema del artículo es claro: trata de enviarnos el mensaje de que los citados camaradas que profetizan sobre el cambio climático no han dado ni una. Nada más falso. Si la realidad no encaja con las profecías, es porque el cambio climático ha alterado tanto el clima, que este ni tan siquiera cambia como tendría que cambiar. Hablando en plata: el cambio climático altera hasta al cambio climático.
Y hay efectos palpables para demostrarlo y, de paso, lo falaz de esta campaña negacionista. Uno muy evidente: baste recordar como nuestros mencheviques locales hacían campaña electoral hace treinta y dos años con chaqueta de pana, recio tejido este de mucho abrigo, y como la hacen actualmente con chaquetas de diseño y de tejido ligero para no pasar calor. Algo tendrá que ver el calentamiento global en ello.

Influencia del calentamiento global en la vestimenta menchevique.
Otro efecto menos evidente, pero que no por ello deja de ser de mayor importancia: está viéndose afectado el ámbito de lo trascendente. Un teólogo jesuita, residente en Hispanoamérica y que ha pedido mantener el anonimato, nos asegura que “el hombre, en su soberbia, no es respetuoso con la Creación Divina y que por su adoración al Becerro de Oro está cambiando el clima, lo que perjudica a los más humildes. Tanto es así que la influencia del cambio climático ha llegado hasta el Infierno; allí siguen las almas en pena sufriendo castigos horribles por sus pecados contra sus hermanos, como puede ser la contemplación de imágenes horrorosas, pero el fuego eterno ya no es el fuego eterno”.

Aspecto que tendría actualmente el infierno, debido al cambio climático.
Resulta evidente que tras la exposición de estos argumentos irrebatibles, cualquier intento de continuar a vueltas con la negación es tener ganas de darse de cabezazos contra el triple muro de la verdad, de la ciencia y del socialismo.