Hemos sabido en estos días de la reunión entre nuestro tonto más útil y el nuncio del Vaticano en España, reunión conocida como el Pacto del Caldito y que escenifica el perdón concedido por el partido menchevique al Vaticano.
Poco ha transcendido de esta reunión si exceptuamos el menú, tanto de comidas como de bebidas. En cuanto a las primeras, fuentes de la Moncloa nos aseguran que Zapatero aceptó las viandas con gran espíritu de sacrificio. “La de langosta que hay que comerse para secar los océanos de injusticia social del mundo y que los más desfavorecidos coman garbanzos” manifestó a sus allegados. En cuanto a las segundas, las mismas fuentes aseguran que “Zapatero apenas bebe: solo lo hace en las comidas y en las bebidas”.
La reunión tenía un objetivo que se ha cumplido en su totalidad, nos aseguran las mismas fuentes, pues lo que se pretendía era dar la imagen de que “existe una Iglesia Católica laicista, dialogante y de progreso”, próxima a los postulados de Phillip Petit y Suso del Toro, “con la que dialogamos con absoluta normalidad” en contraposición con una Iglesia intransigente “contaminada por el mefítico virus de la religión, representada por Rouco, Cañizares, Acebes y Zaplana”. Las misma fuentes, sin embargo, nos desmintieron que en la reunión se tratase de la concesión del capelo cardenalicio a José Bono y Francisco Vázquez, con vistas a sustituir en su día a los citados Rouco y Cañizares.
En el MSV no podemos sino recibir alborozados estos avances de nuestros compañeros de viaje hacia el estalinismo. Ya llegará el día de recoger el fruto que ellos siembren, y entonces, y nunca más oportuna la cita, al tiempo de la siega, Koba dirá a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero.

El presidente en los jardines de la Moncloa momentos antes de acudir a la reunión. En un gesto amistoso hacia el Obispo de Roma, siguió el consejo de Moratinos de acudir a la cita ataviado como un romano más.
