N. Bulganin
Los humanos, y las humanas, corren el riesgo de errar en sus decisiones. A la larga los errores cometidos pueden devenir catástrofes irreversibles para el individuo errado y para los que le rodean, momento en que el error alcanza la categoría de social, lo que justifica, en aras del bien común, la intervención de un ente social superior que impida tomar decisiones erróneas. El estado no está sujeto a error al no tener la cualidad humana, siendo por tanto el ente social superior ideal cuya intervención demandamos. Vamos a exponer con un par de ejemplos cuan beneficiosa puede ser la intervención del estado en las decisiones del proletariado.
Tenemos la obligación social de ser solidarios con los más desfavorecidos y amar la cultura. Imaginemos que en cumplimiento de estos deberes queremos remediar las necesidades de un desheredado y a la vez hacer un bien a la cultura. Para ello decidimos dar una limosna a un camarada necesitado, por ejemplo Ramoncín. El primer problema con que nos encontramos es saber donde puñetas vive el camarada Ramoncín o en que semáforo vende pañuelos de papel. Si tras penosísimas gestiones conseguimos localizarle, dado que no le hemos visto desde antes de abdicar como Rey del Pollo Frito, corremos el riesgo de confundirle con un gestor de fincas que pase por allí y entregar a este el billete de 50 euros destinado al menesteroso camarada. Catástrofe social: el camarada Ramoncín pasará hambre y el gestor se degradará gastándose los 50 euros en vicios. El estado soluciona la situación fácilmente: establece un canon que grava la compra de desde un CD virgen a un móvil, y con lo recaudado los camaradas de la SGAE cubren las necesidades del camarada menesteroso, ahorrándonos muchos quebraderos de cabeza y evitándonos errores con los gestores de fincas.
Los compañeros de 20 Minutos nos anuncian en un titular y refiriéndose a Sudáfrica, que:
Imaginemos que un individuo sudafricano, siguiendo la nefanda doctrina liberal, decide por sí y para sí ser chino y que en pasando el tiempo le ofrecen un papel de figurante en una película de Tarzán, pero como es chino y en las películas de Tarzán no hay chinos pierde la oportunidad de su vida. Catástrofe irreversible, para él y su familia, que evita el estado sudafricano haciendo negros a los chinos. Una situación similar nos la han dado en estos días pasados los camaradas indigenistas Urkullu y Puigcercos, ya que en relación con la espartaquiada europea de fútbol que se juega actualmente, el primero ha manifestado su deseo de que Rusia ganase a la selección estatal espanyola y el segundo de que Turquia ganase el campeonato, deseo este último con el que no podemos estar de acuerdo pues todo revolucionario indigenista debe desear el triunfo en todo de la Madre Rusia, patria de todos los trabajadores, aunque le disculpamos pues entendemos que lo ha hecho en pro de la Alianza de Civilizaciones. Sabemos que el opresor estado espanyol no ha llegado aún al estadio de perfección socialista que deseamos, pero ¿no podría hacer algo por paliar el error que cometieron en su día estos camaradas al decidir no ser ruso y turco respectivamente? Afortunadamente para ellos el MSV suple las deficiencias del opresor estado espanyol.

Por voluntad del Comité Central del MSV, el camarada indigenista Urkullu (izquierda) será ruso a partir de hoy, y el camarada Puigcercós (derecha) será turco.