La modernidad del mundo capitalista, que edifica sus cimientos en la economía mercantil nacida en las ciudades-estado italianas y en Flandes a fines de la Edad Media (hecho que coincide con el surgimiento del Renacimiento y el Humanismo), desarrollada por el aburguesamiento del mundo occidental y en un advenir que se ha instalado como orden mundial a partir de la Primera Revolución Industrial hacia fines del siglo XVIII e inicios del XIX, se presenta como realidad apabullante hoy a inicios del siglo XXI. Dicha condición, que ha permado a todas las culturas y civilizaciones del planeta, al ser una realidad social avasalladora e inexorable en el siglo XX tras el SUPUESTO derrumbe del socialismo real, se presenta como incuestionable y depredadora existencia socioeconómica, donde el mito del egoísmo humano se despliega como el devenir natural del hombre.
La condicionante axiológica y valor supremo del sistema capitalista de producción, el egoísmo, ha traido como consecuencia la destrucción de milenarias formas de organización social de diversas culturas humanas; pero conlleva un peligro todavía más grave: la destrucción del medio ambiente, cual consecuencia de una relación utilitarista y eficientista del hombre con la naturaleza, representación alfa-omega de la realidad del mundo burgués: la realidad sensible objetivada; no, cosificada, convertida en cosa a la disposición del hombre para ser transformada y encontrar beneficios materiales (PLUSVALÍA), consecuencia teleológica (CAPITALISMO SALVAJE) de dicha relación.
Llevado a la escala ecológica, el neoliberalismo feroz que asola los pueblos de la tierra nunca ha vacilado a la hora de expropiar, manipular, contaminar y destruir todo aquello que le ha resultado conveniente para sus viles intereses. Y, fundamentalmente, su falta de escrúpulos a la hora de contaminar la Tierra ha llegado hasta el punto que el agua se ha convertido en monóxido de dihidrógeno. Tal sustancia, al margen de ser sumamente peligrosa para el socialista de bien, podría tener consecuencias nefastas para la Humanidad:
- Es uno de los principales componentes de la lluvia ácida.
- Es responsable de la erosión de paisajes naturales.
- Acelera la oxidación y la corrosión de los metales.
- Su presencia es causante de fallas en sistemas eléctricos.
- Ocasiona numerosos accidentes automovilísticos, debido a que afecta al sistema de frenado de los vehículos.
- Puede producir muerte por inhalación, pero, irónicamente, las personas que lo consumen pueden morir si dejan de hacerlo regularmente.
- En estado gaseoso, puede producir quemaduras severas.
- Puedes volverte adicto a ella desde el nacimiento.
- Es el principal responsable del calentamiento global.
Sin embargo, el Subcomité de Ciencia Revolucionaria, comandado por el Camarada Spartanov, ha logrado llevar a cabo un proceso químico mediante el cual las moléculas de monóxido de dihidrógeno se convierten en agua. Tal reacción química se llama “bolchevización”, y a través de un complejo de procesos físicos y químicos, basados en la nacionalización, control de precios, regulación estatal y demás, consiguen un agua pura, cristalina y apta para el consumo. Incluso, gracias al asombroso trabajo con la nueva máquina de rayos N que ha puesto el MSV a disposición de los científicos de la Universidad de Novokuznetsk, hemos logrado captar imágenes ilustrativas de tales moléculas…

