Camaradas:
Atónitos y patidifusos nos hemos quedado los cuadros dirigentes del MSV al ver el linchamiento mediático que la casposa derecha extrema está propinando a la pobre familia Bardem, y todo por algo tan insignificante como el de cerrar el restaurante que regentaba.

Tuvimos ocasión, el otro día, de hablar de ello con el propio Javitxu (nuestro camarada Javier Bardem quiere que se le llame así en la intimidad, para que veamos hasta qué punto es solidario con la justa causa de nuestros amigos los hombres de paz vascos), que nos invitó a una suculenta cena en su restaurante, el día antes de cerrarlo.
Cansado y ojeroso nos contó cómo se veía obligado a cerrar su restaurante debido a una campaña de acoso y derribo que, contra su persona, había iniciado el gobierno pepero.
El negocio había funcionado felizmente durante años, especialmente en la época de Zapatero, pero desde que los contrarrevolucionarios habían ocupado el poder, sus agentes atacaban sin piedad a su negocio.
La Policía Municipal, los inspectores de sanidad, hacienda, trabajo y hasta la tuna de una Facultad dirigida por un decano falangista se fueron turnando para hacerle la vida imposible.
Nuestro héroe, incluso, impasible aguantó la retirada de las subvenciones a las que tenía derecho. Pero un aciago día le comunicaron la fatal noticia: tenía que pagar impuestos. Y aquí si que Javitxu ya no aguantó más. ¡Cómo –se decía a sí mismo– un artista como él se veía rebajado a pagar impuestos como el populacho! En un valeroso acto de rebeldía, decidió, como medida de protesta frente a la voracidad fiscal y recaudatoria del gobierno dictatorial, intolerante y fascista que nos gobierna, cerrar su restaurante lo antes posible, pese al sufrimiento que le atenazaba ante la incierta suerte que iban a correr sus pobres trabajadores.
Mientras hablaba nos dio unas entrañables fotos para que comprobáramos la veracidad de su historia. La primera, de cuando comunicó a sus trabajadores que iba a cerrar el restaurante. La segunda, de la manifestación celebrada espontáneamente tras la debida convocatoria por sms y redes sociales, para protestar contra los insidiosos editoriales de la prensa derechista equiparándole a los magnates capitalistas a los que él tanto odia.
Y esta es la verdadera historia de un cierre plenamente justificado, por motivos de conciencia social, progresista e igualitaria, y no por un supuesto afán de lucro inventado por la prensa adicta al Partido Popular.
Ahora, pasado un tiempo desde el cierre del restaurante, nuestro camarada Javitxu tiene la conciencia tranquila, y más desde que leyó las declaraciones de sus trabajadores en la prensa: en el fondo todos estaban dominados por el burgués que llevaban dentro, demostrando ser unos vulgares mercenarios adictos únicamente al dinero.










