La propaganda ramplona y mentirosa del imperialismo capitalista pretende hacernos creer que el mundo se enfrenta a una amenaza terrorista sin precedentes, que debe combatirse a cualquier precio.
Como en repetidas ocasiones han ilustrado nuestros editorialistas del MSV, el verdadero terrorismo consiste en la explotación de unos países por otros. La globalización neoliberal ha condenado a la mitad de la humanidad a la miseria y a la barbarie, y en esta realidad hay que buscar la verdadera fuente del terror.
Mientras no se alteren los términos de intercambio, mientras los países árabes no puedan exigir cien o doscientas veces lo que cobran hoy por su petróleo, no habrá justicia. Esta situación empujará a miles de hombres desesperados a una lucha desigual por la supervivencia. Mientras no se pueda intercambiar solidariamente un Kg de café por un Ferrari, unos hombres vivirán a expensas de otros. ¿Por qué tiene que costar más una computadora que una patata? ¿Por qué los oprimidos de la tierra no pueden cambiar un burro por un tren de alta velocidad? La lógica perversa del neoliberalismo está en el origen de las acciones de lucha.
Que un grupo de valerosos patriotas árabes defienda su país contra la invasión imperialista no puede calificarse de terrorismo: es la natural rebelión de un pueblo contra un sistema económico perverso. Todos somos culpables en occidente, ya que, en mayor o menor grado, nos beneficiamos de un sistema injusto y opresor: todos merecíamos estar en el metro de Londres o en la estación de Atocha.
Todos menos los militantes de nuestro glorioso movimiento.
