Cultura progresista.

La derechona quiere que hablemos de sus manifestaciones y que desmintamos las componendas que estamos llevando a cabo con los muchachos de la O.N.G. Euskadi Ta Askatasuna, pero no le vamos a hacer ese favor, así, siguiendo la doctrina de los muchachos del Granma Ibérico, hemos optado por silenciar ese tema, centrándonos en hablar de cultura, de nuestra cultura obviamente, concretamente vamos a hablar del premio Llull, que premia la cultura (o lo que sea, nos da igual) en lengua catalana, pero que, para que la gente lo lea, lo comentamos en un medio de lengua castellana.

La obra en sí, trata del acertado ajusticiamiento a ese individuo que no quiero ni nombrar, por parte de Ramón Mercader, no pienso leerme el libro que trata ese asunto (uno, porque la LOGSE me lo impide y dos, porque el partido me prohibe leer, así como fumar y beber alcohol, de momento sólo me permite ver programas del camarada Monzón, conocido como el guayomin o algo así) sólo espero que la verdad esté presente en el relato de los hechos, ya que no fue un encargo del Padrecito, sino un acto voluntario de Ramón (lo de Mercader no me gusta nada, siempre he creído que debió cambiarse el apellido por Proletario).
Adjuntamos imagen en la que se demuestra que el Padrecito no precisaba mandar a nadie a hacer un trabajo para el que él estaba más que capacitado.

11 comentarios a Cultura progresista.

  1. Qué gracia y destreza tiene el Padrecito con las artes marciales.

    O como diría Kobita ¡Tú sí que tienes arte, Marcial!

  2. Liberal de verdad

    Deberíais decir también algo del apoyo de Aznar, que se dice liberal, a la dictadura egipcia.

  3. Komisario Parrokias

    No todo vale como para justificar los fascistas ataques a las ONG de la izquierda azbertzale carlista y de las jons.

    Que manda huevos la “liasón”.

    Es como una sopa de collejas.
    Que vaya usted a saber……………………………….. (Tres puntos es lo gramatical y lingüísticamente correcto, pero desde una óptica stalinista me la reflanfinfa)

    Kamarada Rosiña, sea usté bienvenida a este reducto de paz y armonía concupiscente y ahí va que voy con la brocha. En sabiendo que su reincorporación traeráme dolores del micardio izquierdo, por aquello de mi enfermiza adoración que, algunas, confunden con enamoramiento.

  4. Pero si Ramón era uno de los que escaparon del suicidio colectivo de Leganés, qué tiene que ver con
    Mercader?
    La foto del Padrecito está al revés, siempre utilizó la izquierda, y la derecha se la fumaba.

  5. Viva la revolución del 11-M

    No estoy de acuerdo en silenciar la crítica a las manifestaciones de la derechona: el que calla otorga.

    ¡Que importa que unas decenas de miles de fachas se manifestaran contra los patriotas vascos, nuestros queridos aliados (al menos hasta que lleguemos al poder)!. Lo que marca la importancia de una manifestación no es el simple número de sus participantes: es su combatividad y los motivos que los mueven. Un piquete informativo sindical de solo cuarenta o cincuenta kamaradas es mucho más relevante que un grupúsculo de unas decenas de miles de manifestantes fachas pacíficos.

    En cuanto al kamarada Parrokias, siento comprobar que la reeducación a la que ha sido sometido recientemente no ha dado del todo sus frutos, y que sigue confundiendo sus intereses personales con los del Movimiento. Un auténtico revolucionario no tiene tiempo ni espacio para sus delirios eróticos; todo su ardor debe dedicarse exclusivamente al triunfo de la Revolución

  6. Creo que es necesario señalar (y así lo hago) que la mano del Padrecito ni siquiera toca o roza el cuerpo del trotskista feo de la foto. Él no necesitaba llegar a esa cosa tan vulgar y prosaica como es el contacto físico para derribar a sus adversarios.

    El Padrecito desprendía una energía tan poderosa que le bastaba con hacer el gesto de un pase de muleta para que los enemigos de la Revolución cayesen abatidos y desmoralizados cual monigotes de nieve ante el radiante sol.

    Según algunos autores nuestro líder llegó a tener la extraña capacidad de poder someter hasta a todo un rebaño de ácratas piojosos y burgueses irredentos mediante el efizaz uso de la técnica conocida como la “flatulencia georgiana”, extraña habilidad cuyo secreto aún no ha podido ser desvelado por los más sesudos de nuestros científicos.

  7. El Padrecito es el único que puede vestir una falda negra y una camisa escotada y seguir pareciendo viril.

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