Una militante socialista se atreve a relacionarse con un fascista. ¿Cómo se ha llegado hasta aquí? Podemos perdonar la incompetencia de los dirigentes socialistas para seleccionar a los nuevos camaradas, pero no así su tibia reacción al descubrir la enésima conjura (otra más) neocapitalista.
Recordemos uno de los principios básicos del Comunismo: sólo puede haber amor a Stalin. La única utilidad de las relaciones pasionales es el fin biológico, y el uso de las confidencias de cama para denunciar al cónyuge a los órganos del Partido.
Los dirigentes socialistas deberían releer 1984: Rubalcaba debería ejecutar el papel de O’Brien en esta reedición del amor furtivo entre Winston y Julia. ¿Acaso hay frase que encierre más amor que la pronunciada por Winston? ¡A Julia! ¡Hacédselo a Julia! Me da igual lo que le hagáis….