El opio del pueblo no merece ser respetado


Aunque pocas y pequeñas, algunas alegrías nos dan los dirigentes (supuestamente) socialistas de la antaño gloriosa España. A pesar de su aburguesamiento, de aceptar las reglas de juego de la opresión al trabajador, de admitir un sistema electoral que no puede representar la voluntad popular… hay principios grabados a fuego en su credo político que salen a la luz (quizás con la ayuda del vodka)

En pleno siglo XXI, Siglo de Stalin, todavía existen trabajadores a merced de los hilos de los sacerdotes, maestros títeres de la farsa capitalista. La religión es el opio del pueblo, y sólo acabando con aquélla podremos culminar con éxito la instauración de la dictadura del proletariado. No debemos pedir perdón por tratar los símbolos opresores sin respeto, pues no merecen más que ser pasto de las llamas. Las imágenes deben ser destruídas, los templos (y sus habitantes) quemados, y todo ello acompañado de las carcajadas de la clase oprimida, jubilosa tras avanzar otro paso en su liberación.

En vez de protestar, deberían dar gracias los creyentes, por el hecho de que ni Carod ni Maragall prendiesen fuego a todo símbolo encontrado en su camino. Son tibios, a fin de cuentas.

El MSV, en cambio, denuncia su desapasionamiento, su debilidad, su falta de convicción en la lucha socialista, su miedo a las represiones por parte de los opresores. Las purgas deben comenzar ya: el MSV está preparado.

Un comentario a El opio del pueblo no merece ser respetado

  1. Pero ¡cómo! ¿aún quedan restos de esa religioncilla? ¿no habíamos terminado con el judaísmo y el cristianismo? Maldición, Koba, vuelve, te necesitamos.

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