Las Memorias del General Vasilij TATARIN en Afganistán -1er Capítulo-

Afganistán, Octubre de 1980

Diario del SubComandante VASILIJ TATARIN (actualmente General)
112 EN EL PATIBULO: MISION MORTAL

Octubre 10, 1980

Debido a mis fracasos en la supresión de la guerrilla chechena, y como castigo, he sido trasladado a Afganistán donde el Mariscal BREZNEV me asignó al mando de un Batallón de Presidiarios. Criminales de la peor calaña, provenientes de los rincones más inhóspitos de la Unión Soviética y otros países satélite forman este rejunte de lacras y parásitos sociales enrolados a la fuerza en el Ejército Rojo.

El helicóptero que me transporta aún no ha tocado tierra cuando ya escucho el infernal sonido de los morteros y las ametralladoras. Los MUJAIDINES están atacando a suerte o verdad el batallón, me veo obligado a saltar del helicópetro para buscar refugio en uno de los bunkers, mientras las balas silvan a mi alrededor. Estoy furioso por haberme visto obligado a arrastrarme como una rata buscando donde cubrirme, sin siquiera tener oportunidad de extraer mi revólver NAGANT de 7 tiros. Finalmente, alcanzo un bunker de hormigón, sus paredes están regadas por la sangre y los intestinos de los soldados rojos, mientras un grupo de Mujaidines con sables y fusiles despedaza los cadáveres en pleno frenesí religioso. Cuando me ven entrar se paralizan, y antes que atinen a reaccionar, mi revólver NAGANT ya ha perforado la cabeza de tres de los bastardos, los otros intentan devolver el fuego, pero no son rivales para mí. Luego de agotar los 7 tiros del revólver me veo forzado a liquidar a los restantes con mi SABLE MONGOL de hoja curva. Al último que quedó me dí el placer de asfixiarlo con mi puño derecho, mientras con la otra mano acomodaba el cuadro de STALIN que se había torcido por la conmoción de las explosiones.

Terminado este trámite, es hora de buscar algo de armamento pesado para reagrupar a lo que quede de este batallón y rechazar la ofensiva enemiga. Afortunadamente logro hacerme de una ametralladora PK, con la que, emergiendo del bunker, comienzo a abrir fuego sin piedad contra los fanáticos. La batalla está alcanzando su punto más alto. No puedo evitar deleitarme ante lo que veo: sangre por doquier. El fuego de los morteros ha cesado, pero los heridos se arrastran entre los charcos de inmundicias y sangre, sólo para ser ultimados a sablazos y tiros por los fanáticos, mientras un poco más allá, un Soldado Rojo incinera con su lanzallamas a tres árabes que se contornean como serpientes mientras sus vidas se extinguen entre gritos desgarradores.

Pero no tengo tiempo para disfrutar del momento, con una mano disparo la ametralladora PK, de casi 20 kilos con munición, y con la otra reagrupo a los inexpertos soldados rojos que lograron sobrevivir a la brutal embestida enemiga. Algunos están en estado de shock, otros, fanatizados por mi ejemplo de liderazgo se lanzan ciegamente a clavar sus bayonetas en los corazones del enemigo. Siempre me gustó el combate a bayoneta calada. Se ve la sangre brotar, uno siente morir al enemigo tan cerca, mientras el calor de su cuerpo escapa en forma de vapor por la herida… así me lo refirió mi padre, que combatió a las órdenes de BREZNEV en STALINGRADO… cómo me hubiera gustado combatir ahí… pero era muy niño, y mi padre no me permitió inmolarme en honor al camarada STALIN, cómo yo hubiera querido…

Nunca tuve juguetes, solo la vieja pistola TOKAREV de mi padre, toda mi niñez transcurrió entre las ruinas bombardeadas por los nazis, mis amiguitos masacrados por la SS, y mi noviecita violada por los fascistas, se suicidó a los 10 años, luego de perder a toda su familia. Mi adolescencia transcurrió enteramente en las barracas del Ejercito Rojo, donde me instruí y pude canalizar el fuego de mi Odio para forjar en mi mente y espíritu el Acero del Materialismo dialéctico. El camarada STALIN nos enseñó que solo la furia y el odio al enemigo nos llevarán a la victoria final.

El Odio forja el Acero.
El Acero caliente se templa con la disciplina
Con disciplina se Destruye al enemigo.

Estos son los principios que los nenes pequeñoburgueses que juegan a ser comunistas nunca entenderán. Su Odio es impostado, inventado por ellos mismos para llenar el vacío de sus vidas. Nuestro Odio, el de los estalinistas, es visceral: lo llevamos marcado a fuego por la brutalidad del imperialismo. El Odio inventado, marketinero, no puede forjar el Acero de la disciplina. Sólo forja chapa podrida, que ante el primer embate imperialista, se parte, se rompe, y todos se pelean entre ellos y se traicionan, ya sea por rivalidades, por dinero, o por salvar sus miserables vidas.

Pero bueno, no quiero aburrirlos con mis pensamientos, la batalla ya está casi terminada. Los Mujaidines están en retirada. Mis soldados se entretienen disparándoles por la espalda y ultimando a los heridos… ah, si BREZNEV estuviera aquí para ver esto… tantos enemigos para desmembrar…

Sale el sol. Nadie ha dormido anoche. Los festejos duraron hasta recién. Saludo al sol, mientras se asoma por detrás de las siluetas de los mujaidines empalados. Se respira mucha paz en el ambiente, pero la vida es así: todo lo bueno tiene un final, no se puede combatir siempre. Ahora debo cumplir con las tareas de rutina, tengo que pasar revista al batallón, para ver cuántos sobrevivieron. Mientras paso revista, algunas caripelas me llaman la atención.

El soldado CHERNENKO, un hombre de mediana edad condenado a 160 años de trabajos forzados por pacifismo manifiesto durante la Gran Guerra Patriótica, ahora no parece tan pacifista, con la sangre que chorrea de su boca, luego de devorar a dentelladas el rostro de un mujaideen la noche anterior. Ya nunca será el mismo.

Nuestro operador de radio (el unico que sobrevivio) el soldado especialista Freddy Merengue junior es el hijo de un respetable científico cubano, que fue entregado a las autoridades por su propio padre por el delito de “conducta antisocial” del Código Penal Cubano.

Más allá veo a un jovenzuelo de extracción capitalista, conocido como Oligarca por sus camaradas, luego de la revolución y confiscación de sus bienes, fue enviado al Centro de Reeducación Ideológica de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y luego vino a parar al Batallón Penal por su mala conducta. Sin embargo mientras lo veía ayer a la noche clavando frenéticamente la bayoneta en el pecho de un enemigo, pude ver en sus ojos inyectados en sangre la llama del odio necesaria para forjar el Acero Estalinista. Este joven tiene un gran futuro. ¡Qué saben los idiotas del centro de reeducación universitario, las Barracas del Ejército Rojo y el combate descarnado pueden hacer un pocas semanas más de lo que los psicopedagogos en años!

Del batallón original, de 880 efectivos, ahora solo quedan 112. El camarada BREZNEV se comunicó conmigo ayer para felicitarme por la victoria, pero aún enojado por mi fracaso en Chechenia, me dijo que no recibiré ningún tipo de refuerzos. Y que la próxima misión que me asignará será casi imposible. Si no alcanzan las raciones deberemos alimentarnos con la carne de los prisioneros y de los muertos. O saquear alguna aldea. La Unión Soviética no quiere gastar valiosos recursos en un batallón de presidiarios, de resaca social. Yo lo comprendo perfectamente. Sólo me importa cumplir las órdenes lo más perfectamente posible: Hasta la victoria Final.

Un comentario a Las Memorias del General Vasilij TATARIN en Afganistán -1er Capítulo-

  1. Por sobre las diferencias culturales
    Por sobre las diferencias de religión
    Por sobre las diferencias de opinión

    Movimiento Stalin Vive

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